Clientes de bancos honrados y listillos

euribor.com.es Publicado el 29 de enero de 2014

Portada de La Banca Culpable, el primer libro que destapó los abusos de la banca

Artículo de opinión de Pau A. Monserrat, autor del ‘La banca culpable

Tengo que confesar que agradezco enormemente a los estudiosos del Centro de Estudios de Consumo de la Universidad de Castilla-La Mancha (CESCO) la gran labor que hacen para con el bien común del consumidor financiero: darme argumentos para desmontar algunas patochadas que auspician en sus estudios y demás trabajos científicos. También hacen buenos análisis, sin duda, pero esta segunda actividad en poco me ayuda, siendo mi naturaleza crítica con las cortinas de humo bancarias y de cualquier índole.

CESCO en colaboración con el Colegio Notarial de Castilla-La Mancha han publicado los trabajos ganadores del Premio estudios jurídicos de Derecho privado, del que he tenido noticia por la cuenta de Twitter de mis “amigos”. No tengo la menor intención de desacreditar a su autora, que sin duda tendrá una formación jurídica notable; pero su conocimiento práctico de la venta de productos financieros en sucursal brilla por su ausencia; en todo caso, con los años tendrá tiempo de apreciar mejor el problema. No quiero criticar a la autora, que seguro que escribe de buena fe, sino a sus conclusiones en relación a los “malvados y aprovechados” clientes de banco que “descubre” en su estudio. Un poco pomposo el título, pero vamos, son abogados (permítanme la broma, los economistas solemos acortar títulos).

Premiar un trabajo con calificativos tan mediocres a clientes de banco, por un tema tan meridianamente claro de abuso de información asimétrica de la banca ante el cliente, denota varias posibles causas:

No se leyeron el trabajo, lo cual sería síntoma de desidia.
Se lo leyeron y les gustó, lo cual podría indicar mal gusto o falta de criterio.
Pretenden seguir apoyando a un sector de la banca que el lugar de corregir y purgar sus faltas, sigue intoxicando a la opinión pública y culpabilizando a las víctimas. De ser así, que admito lo sospecho, estaríamos ante un verdadero fracaso de lo que ha de ser un centro de estudios: una fuente de creación y gestión de saber científico e independiente.

Me podéis decir pesado, al tratar con cierta frecuencia estos mismos temas. No tengo nada contra la banca y sus defensores, siempre y cuando se ajusten a los valores democráticos, a las leyes y a la persecución de la verdad. Si algún banco que opera en España cree que sigue estos mínimos y me lo demuestra, le defenderé con la misma vehemencia que ataco las falsedades que se vierten para confundir a la opinión pública. Y lo mismo le digo a los que dirigen CESCO, mi puerta está abierta si quieren pasar.

No suelo seguir el centro, con lo cual seguro que algo hacen bien. Pero lo que hacen mal y como lo defienden es tan llamativo, que no me lo puedo perder nunca. Además asociaciones como Adabankia se encargan de tenerme puntualmente informado de estos temas.

Más que criticar el estudio, que estoy seguro su autora no ha hecho con mala fe, sino con ignorancia de la realidad bancaria, voy a criticar las ideas que comunica, frecuentes entre determinados voceros cercanos a una determinada banca opaca. La primera parte del trabajo es interesante, analizando la naturaleza de las participaciones preferentes y de los Swaps o falsos seguros de tipo de interés.

A continuación y con buen criterio, nos explica los factores que se tienen en cuenta para establecer la nulidad en la colocación de preferentes o Sawps:

“Hemos de realizar una matización previa: ni las participaciones preferentes ni los swaps son nulos per se; sin embargo, son productos financieros complejos que exigen un reforzado deber de información al cliente minorista. El incumplimiento de estos especiales deberes, puede comportar la nulidad del negocio jurídico por distintos motivos que pasamos a analizar”.

Yo añadiría que son productos tan complejos y arriesgados, que el banco debería acreditar 100 horas de cursos al cliente antes de dejarle contratarlos, pero bueno, eso ya sería hacer las coas bien y de negocio bancario hablamos.

Hasta la página 23 el trabajo no es nada malo, hay puntos matizables pero no dejaría de ser un premio merecido (o cuanto menos no lo criticaría). Pero llegamos a este punto clave del estudio y nos suelta, en un epígrafe titulado ’Free riders, comerciales y vicios del consentimiento’:

“Por duro que suene y, con todos mis respetos, el consumidor listillo o espabilado de antaño, es el que ahora se apresura a calificarse como ignorante, en un eterno retorno nietzscheano del listillismo nacional, que conduce irremediablemente a la desprotección del consumidor diligente, que (i) pudo verse atrapado en el “fuego cruzado”, y (ii) de cara al futuro deberá lidiar con el escenario creado por los despropósitos de unos y otros.”

Y suelta otras perlas acientíficas del tipo:

“…los imperativos categóricos no existen, ni tampoco está en los genes del banquero la semilla inductora al fraude, ni en los genes del consumidor el monopolio de la razón y la buena fe.”

Estoy ya cansado de que con el argumento ‘tanta culpa tiene el banco como el cliente’, falso a tenor de las desproporcionadas diferencias de información y capacidad de negociación de ambos, además de deberes de diligencia, se busque convencer a la opinión pública de que no se puede castigar a nadie, ya que todos tienen la culpa.

En un mundo ideal, ya habría una macro-causa a la comercialización de productos de riesgo, gestionada y pagada por el sector público, en el que serían los bancos los que deberían demostrar, cliente por cliente, que se le vendió el producto de forma adecuada. Si hay clientes que sabían perfectamente lo que hacían, que lo paguen con sus ahorros, como de hecho hacen. Pero cuando la carga de la prueba (y el coste del procedimiento judicial) recae en personas arruinadas, con pocos o ningún conocimiento del sistema y al que constantemente le dicen que es culpable, la verdad nunca sale a la luz.

Incluso aceptando que un cliente compró participaciones preferentes sabiendo la naturaleza del producto financiero, seguiría siendo culpable el banco. Si los balances, forma que tiene el cliente de apreciar si una preferente es más o menos arriesgada, no se parecen en nada a la realidad, se le ha engañado. Un banco o caja quebrado que emite preferentes, con o sin la debida información del producto, es culpable de faltar a la verdad y a uno de sus deberes básicos, proteger a sus clientes.

Vivimos un mundo de falsas certezas y sin atisbo de dudas razonables. No hay un solo profesional independiente que conozca los entresijos de la banca comercial que se atreva a repartir las culpas y hacer pagar el pato al cliente. Perotenemos que seguir soportando cortinas de humo, que justifican lo injustificable. Me molesta cuando el que lo defiende no tiene argumentos, pero más me molesta que se use el maquillaje de la ciencia y el saber jurídico, para verter majaderías en el papel o en la televisión.

¿Hasta cuándo los afectados por la mala praxis bancaria tendrán que leer panfletos de este tipo?

Autor del libro ‘La banca culpable‘, que nunca premiará CESCO, me temo.

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