Clientes buenos y malos en el sector bancario

Clientes Buenos y malos en el sector bancario. www.euribor.com.es Escrito por Pau A. Monserrat el 13 de noviembre de 2013 

Banco de EspañaHay dos ideas que determinados expertos, políticos o medios de comunicación han intentado inculcar a la ciudadanía  durante esta larga travesía llamada crisis económica:

  1. La gente ha contratado participaciones y demás productos de inversión arriesgada porque quería duros a cuatro pesetas. Es decir, la avaricia de los clientes ha roto el saco de sus ahorros en los bancos.
  2. Muchos clientes que se han hipotecado o solicitado créditos han querido vivir por encima de sus posibilidades. Se han endeudado sin responsabilidad y ahora se quejan cuando se les desahucia de sus hogares o se les embargan sus ingresos.

Ambas ideas han calado bastante en la mente del ciudadano afectado y, sobretodo, del que no se ha visto tan afectado por estas situaciones. Entre las consecuencias de dar por buenas las ideas anteriores, surgen otras del estilo:

  1. Si los preferentistas o los tenedores de obligaciones subordinadas han querido ganar más que contratando depósitos, han arriesgado y ahora les toca perder. El contribuyente no debe sufragar con sus impuestos los errores de los irresponsables o arriesgados.
  2. Dado que yo me he comprado una casa modesta o he estado de alquiler, no es justo que ahora el Estado ayude a los que no han sido prudentes y han pedido préstamos hipotecarios demasiado elevados. Si no se sufren las consecuencias del su inconciencia, dentro de unos años se volverá a repetir lo mismo.

Voy a intentar contestar con la máxima contundencia que mi prosa y conocimientos teóricos y prácticos sobre el mundo de los bancos y sus clientes me permita. Es fundamental dejar bien claro los culpables, los responsables, las víctimas y el grado de penitencia justo para cada uno de ellos. Tal vez no sirva de nada, en cuanto a que el peso de la Ley caiga con la contundencia justa sobre cada uno de los actores de esta tragicomedia, pero sin duda es útil para que cada uno asuma la culpa en su debido grado. Sin saberlo, cuando escribí mi libro sin  pretensiones, hice una buena acción. Desculpabilizar a los afectados de culpas que no tenían. Una antigua librera, amiga de la familia así me lo hizo saber, dando sentido al esfuerzo de la obra, por mediocre que pueda resultar lo que en ella se acaba diciendo. Se puede criticar la forma, sin duda. Pero me importa mucho más el fondo.

Para los mal pensados, que deducirán que toda esta perorata inicial es solo para vender mi libro, desde ya les dejo muy claro que con este tipo de libros se gana poco dinero, algunos enemigos y muchos amigos. Si sospechas de mis intenciones, ni se te ocurra consumir legalmente mi obra. Dicho está.

Pero primero, dado que hay más mal pensados que confiados en este mundo, contestaré a los responsables de emitir una pésima nota, para los cuales sin duda un servidor es un “nuevo amigos de los consumidores, intelectual de medio pelo, que anda detrás de la presa de las preferentes y los suelos a ver si cazan una parte del negocio que van generando los buenos y malos consumidores que litigan en los tribunales”. Estos lumbreras, cuyo nombre individual no identifico, dado que su nota “CESCO RESPONDE A SUS CRÍTICOS” no viene firmada, contestan a los profesionales que han osado cuestionar un artículo de una Doctora de la entidad, que ponía en duda que tener Alzheimer fuera una causa para devolver lo depositado en preferentes de una pareja de octogenarios. El Doctor Fernando Zunzunegui explica bastante mejor que un servidor los errores jurídicos de las eminencias mencionadas. Yo incidiré en aspectos más peregrinos. Dice la nota:

El Cesco siempre ha sido un instrumento científico al servicio de la procura de la mejora de la protección jurídica de los consumidores. Pero de todos los consumidores, no de los consumidores de hoy a costa de los consumidores de mañana, que no podrán obtener préstamos hipotecarios ni invertir en productos financieros, porque los consumidores de hoy que reclaman una protección que acaso no merecen están matando la gallina de los huevos de oro”.

El resto de la nota merece ser transcrita, por casposa y carente de rigor. Me sirven la idea que intentan propagar, vestida de nota de un “Centro de Estudios de Consumo”, para atacar las dos ideas comentadas al principio:

Los ancianos no son, por definición, un colectivo que quiera arriesgar con productos financieros como las preferentes, complejas, perpetuas, arriesgadas y diametralmente diferentes a un depósito a plazo. Salvo que la inversión represente no más del 10% de su patrimonio líquido, hayan solicitado su contratación expresamente, sin ser inducidos por el banco, tengan conocimientos financieros adecuados a la complejidad del producto y a la situación real de la entidad financiera que los emite y, como no, no tengan enfermedades mentales o haya mediado algún vicio del consentimiento, cualquier persona con ahorro en preferentes ha sido engañado, mal informado o mal asesorado por el banco. He mencionado a la gente mayor a propósito, porque es evidente la mala praxis de las oficinas de bancos. Pero lo mismo es extensible a la mayoría de colectivos de clientes minoristas.

La idea de que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades ha calado mejor, como intoxicación informativa, ya que en un inicio no parecía que hubiera implicada gente mayor. Sin embargo, cuando se ha empezado a subastar las casas de los avalistas, abuelos y padres, la cosa ha cambiado un poco. Claro que hay que dejar bien claro que todos tenemos una responsabilidad individual en nuestros actos. Y que firmar escrituras hipotecarias sin entender lo que ponen (o sin leerlas) es una insensatez. Insensatez que la mayor parte de la población ha cometido; unos por pereza, otros por ignorancia o falta de cultura financiera. Pero hay una razón adicional que cambia mucho las cosas: la confianza en el sistema, supuestamente supervisado por el Banco de España y la CNMV. Con unos bancos que han de actuar con la diligencia de un bonus argentarius (muy superior a la de un buen padre de familia o similar que ha de tener un cliente), un notario que ha de dar fe de que lo que se firma es entendido por los firmantes (o como mínimo conocido, y para eso hay que leer en alto toda la escritura), unos tasadores que valoran objetivamente el inmueble y demás agentes implicados en la supuesta “seguridad” del sistema.

Los que han concedido hipotecas irresponsablemente son los bancos, con la inoperancia de sus supervisores. Evidentemente el cliente ha recibido un dinero, se ha comprometido a devolverlo y, de no hacerlo, ha de responder. Pero no con deudas que no ha contraído, perdiendo la casa por el 60 o 70% de su valor de tasación, con intereses de demora que no tenían límite (ahora es el triple del interés legal del dinero) y gastos judiciales más que cuestionables. Y encima dejando en la calle a las familias que podrían pagar durante un tiempo un alquiler social, para traspasar estas viviendas vacías al engendro llamado Sareb y que las venda a precio de saldo a inversores internacionales.

No hay buenos y malos clientes, no. Hay clientes confiados y otros desconfiados. Y a partir de ahora, me temo, todos tendremos que ser desconfiados con el sistema. Y con las ideas que propagan determinados amigos de los bancos, banqueros y bancarios irresponsables (que no todos).

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